Ian CurtisJoy Division ha dejado un legado comparable al que dejó en su día el primer disco de la Velvet Underground, el del plátano. Este es uno de esos grupos que han motivado muchas carreras más o menos meritorias de muchos aspirantes a músicos o a estrellas fugaces de las cloacas de la música.
Solo para contextualizar diremos que esta banda británica de Manchester, curso actividad desde mayo del 77 hasta el 17 de mayo de 1980, fecha en que Ian Curtis dejaría este mundo al parecer voluntariamente. La banda había grabado un par de discos producidos por Martin Hannet y media docena de singles. Habían realizado varias actuaciones sin fines promocionales y habían empezado a ganar adeptos entre el público. Pero en realidad eran una banda poco conocida. La muerte del cantante provocó que el single “Love will tear us apart” ascendiera en las listas de Inglaterra y fuera votado entre los mejores discos del año junto con el disco “Closer” que era el segundo de su carrera. A partir de este momento empezaría a crecer la leyenda y su música se propagaría por todos los países donde el Rock es una música importante. Y aparecerían más discos, recopilaciones, directos y temas que no habían sido publicados. Pero el grupo ya no existía así que el resto de los componentes se reinventaron como New Order, una banda también interesante pero sin la aureola mítica de su precededora.

Sin embargo para mi Joy division, tiene una pequeña historia personal, tal vez sin importancia, pero es la que les cuento seguidamente.

Estamos en 1981 en España, en una pequeña ciudad de la provincia de Barcelona. Yo soy ya un habitual seguidor de la música Rock y en estos años de todas las movidas que vienen de Gran Bretaña, que si Punk, New Wave, Post-Punk, Ska… este día sin embargo, un 23 de febrero no amanece como un día cualquiera, en un momento dado las radios empiezan a alertarnos de que se ha producido una ocupación del congreso de los diputados por parte de varios miembros de la guardia civil, en definitiva el tejerazo, un intento de golpe de estado por parte de no se sabe muy bien quien. En fin durante el día las noticias se irán más o menos sucediendo, y al acabar mi jornada laboral me dispongo a irme hacia casa ya que veo que no hay un ambiente ni bueno ni malo, por los lugares donde habitualmente encuentro a mis amigos de aquellas épocas. Así que me paso por el quiosco a comprar alguna revistilla con la que pasar estas horas de impass. Veo que ha salido un nuevo número de Vibraciones una de las mejores revistas de música y la compro.

Con ella al brazo me voy a mi piso de soltero, donde no dispongo ni de radio ni de televisión, de tal manera que mientras el Rey o quien sea, apacigua el ánimo de los golpistas en esa larga noche, yo me entrego a la lectura de Vibraciones pensando que tal vez sea el último que se va a publicar a tenor de los acontecimientos. Casí al final de la revista hay un artículo titulado “Paisaje después de la batalla” firmada por el periodista Ignació Juliá, con unas fotos aparentemente enigmáticas de naturaleza, en blanco y negro, del fotógrafo Francesc Fàbregas. El artículo explicaba quienes fueron Joy Division, banda de la que no teníamos ni idea de su existencia y que al parecer ya no existían. El misterio y solemnidad que generaba el artículo en medio de la trascendencia de la noche, dejaron en mi una impresión imperecedera.

Y ya con el nuevo día, con los fantasmas golpistas disipados y pasado el tiempo, siempre me quedará la duda de si fue Joy Division quien acabó con el golpe de estado, o fui yo quien contagió al resto de la humanidad de la pasión por Joy Division.